Él.
Él.
Hoy como nunca antes pensé en él y aún no entiendo la razón de que su recuerdo haya llegado a mi mente como una brisa, como cuando cae una hoja de un árbol justo a mis pies.
Llevamos tiempo sin vernos, pero siento como si hubiese sido hace un segundo que aprecié sus expresiones o haber sentido su cálida piel junto a la mía o haber escuchado su voz.
Recuerdo perfectamente cada palabra saliendo de su boca al poner en la palestra música, libros o arte. Conversaciones en generosos desayunos, en los cuales muchas veces me apuraba porque demoraba siglos en terminar de comer, o simplemente sentados mirándonos a los ojos.
Hoy escribí sobre él y en mi mente tengo muchas líneas más que prefiero guardar en la privacidad de mis pensamientos. Sin embargo, no sé muy bien la razón exacta de este escrito, por lo tanto, me pongo a pensar que tal vez sea una despedida o quizás simplemente un inicio, o puede que sea ambas o ninguna. Lo único seguro es que ya no está y lo único incierto es que no sé si volverá a estar, o al menos de la manera en que estuvo.
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