Paraíso.

 ¿Cómo podría empezar a describir el paraíso? Cierro los ojos para pensar en la respuesta y solo me aparece él, sus ojos, sus labios, sus brazos, su olor, su risa, todo él. Definitivamente para mí el paraíso es estar a su lado y contemplarlo por completo, recorrer cada centímetro de su piel, guardar cada sonido que emite, sentir el calor que emana y que me envuelve cuando me abraza.

Cuando la oscuridad consume el cielo dejando visible los pequeños resplandores de las estrellas y las luces de las ventanas de los edificios, envolviendo al mundo en una intimidad cálida y placentera, dejando de lado las distracciones del día a día para concentrarnos en un "nosotros" y llenarnos los sentidos hasta no poder más. Dejar de lado mi libro solo para observarlo desde la cama, capturar esa sonrisa que me derrite por dentro, mientras espero que se acerque hasta mi, mientras anhelo el contacto de su piel y el sabor de sus labios.

Cuando ya se ha hecho demasiado tarde y tenemos que meternos en la cama con la intención de dormir, pero el deseo que nos consumía por dentro finalmente sale quemando todo a su paso y nos envuelve en una pasión desenfrenada. En ese momento en que nuestros cuerpos son uno, que irradian el calor más intenso que jamás haya existido, en donde el placer nos quema de inicio a fin, el placer que él me ayudo a encontrar después de años de búsqueda y que ahora le pertenece, con cada gemido, con cada suspiro, con cada temblor. 

Cada que vez que él fluye en mi, que me toma la mano, que me besa el cuello, que me susurra al oído, que me sonríe, que me abraza, que me mira fijamente a los ojos, que toca mi piel, que me besa o me muerde el labio, cada una de esas veces es un paseo por el paraíso, es cuando creo en lo magnánimo de la felicidad y del amor. Porque desde que lo vi a él ya no quiero mirar a nadie más, porque besó cada una de mis cicatrices, porque él ilumina cada una de mis noches oscuras y espanta mis miedos, porque cada vez que lo miro siento una paz inmensa, porque esta ciudad grita su nombre en cada rincón y todo evoca su recuerdo, porque mi piel extraña su contacto al momento de la despedida, porque despierta las mariposas que creía eternamente dormidas y las hace revolotear hacia el cielo, porque desde que lo encontré lo tengo todo.

𝘊𝘢𝘥𝘢 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘤𝘰𝘯 é𝘭 𝘦𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘢í𝘴𝘰, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 é𝘭 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘢í𝘴𝘰 𝘮𝘪𝘴𝘮𝘰.

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