Balas.

Puede que estos días haya estado más expuesta a balas reales que nunca antes en la vida, pero no son esas las que me matan o las que me hacen ver el mundo de otra manera y no, no pienso en la muerte.
Heridas producto de estrellas fugaces que atraviesan mi cuerpo con ideas, con recuerdos y con sentimientos. No soy capaz de defenderme contra esas verdaderas balas y ahí no fluye sangre ni tampoco cicatriza mediante un proceso biológico. Aquellas que atraviesan mi coraza no se van y se estancan tanto en el cuerpo como en la mente, son eternas y queman por dentro.
 Hoy recuerdo y siento aquella bala llamada amor en lo más profundo de mi corazón, quiero sacarla pero no puedo y hace que me sienta débil. Quizás no sea algo malo, llevar esa bala con tu nombre, hacerla florecer con la pólvora de la alegría y dejar que crezcan mil girasoles en mi cuerpo alrededor de esa bala.
Dejaría que me atravesaran cien balas solo si llevan tu nombre.

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