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Mostrando entradas de noviembre, 2019

Violencia.

Hoy Chile me duele. Me quema el alma verlo de esta manera tan sangrienta y fuertemente reprimida. Estas semanas la gente ha despertado del sueño profundo en que le mantenían los políticos y comenzó a alzar la voz por lo que merece, por lo que siempre ha merecido: Una Vida Digna.  Cada día camino a plaza dignidad con mi cacerola y mi cuchara de palo para gritar, me junto con gente que conozco y a los que no pueden asistir les envío mi ubicación en tiempo real. Esto se ha vuelto cotidiano. La gente alegre de que seamos muchos reunidos bailan, cacerolean y saltan cantando cánticos en contra del gobierno y su represión. Nos miramos todos, somos uno. De pronto llegan... una... dos... tres... cuatro... hasta cinco bombas lacrimógenas y la gente corre desesperada por la falta de aire. Un... dos...tres... cuatro  disparos que alcancé a contar porque me dio una crisis de ansiedad y el miedo recorre mis venas. Sangre... Gritos... Más perdigones... Alguien perdió uno de sus ojos. La c...

Balas.

Puede que estos días haya estado más expuesta a balas reales que nunca antes en la vida, pero no son esas las que me matan o las que me hacen ver el mundo de otra manera y no, no pienso en la muerte. Heridas producto de estrellas fugaces que atraviesan mi cuerpo con ideas, con recuerdos y con sentimientos. No soy capaz de defenderme contra esas verdaderas balas y ahí no fluye sangre ni tampoco cicatriza mediante un proceso biológico. Aquellas que atraviesan mi coraza no se van y se estancan tanto en el cuerpo como en la mente, son eternas y queman por dentro.  Hoy recuerdo y siento aquella bala llamada amor en lo más profundo de mi corazón, quiero sacarla pero no puedo y hace que me sienta débil. Quizás no sea algo malo, llevar esa bala con tu nombre, hacerla florecer con la pólvora de la alegría y dejar que crezcan mil girasoles en mi cuerpo alrededor de esa bala. Dejaría que me atravesaran cien balas solo si llevan tu nombre.