Corazón delator
La tarde partió de forma inesperada, no contaba con que me esperaras hasta la salida y me acompañases por la tibias calles de Santiago. Conversando, observando, mirándonos y riendo. Llegamos hasta el paradero para retornar a nuestros hogares, pero la tarde se veía aún tan joven que con una mirada, tan solo con una mirada, decidimos caminar para seguir compartiendo y disfrutando de la compañía del otro.
Así fue como terminamos bebiendo en aquella plaza durante una tibia tarde de finales de verano, sentados uno frente al otro con una charla fluida, risas y bromas, miradas de complicidad y la hora avanzando apresuradamente obligándonos a movernos de ese lugar, así que llegamos a ese bar en donde nuestros cuerpos estaban más cerca por la ubicación de las sillas. Con bastante alcohol en nuestro sistema, las conversaciones se volvieron más sinceras, nos volvimos más vulnerables y bajamos las defensas, nos mostramos todo lo que el limitado tiempo nos dejó porque tuvimos que emprender el viaje a nuestras casas.
Tomamos el último bus del día, estábamos solos y parecía que todo el mundo había desaparecido al observar la carretera y luego a ti, sobretodo al momento en que me concentraba en admirar los detalles de tu cara sintiéndome totalmente hechizada por ti y cuando, finalmente, desviaba la mirada hacía las luces de la ciudad me sentía en el apogeo un sueño, en un viaje mágico que no quería acabar. Todo en esa tarde/noche fue perfecto, las piezas encajaron sin forzarlas y simplemente fluimos naturalmente, como si ese siempre hubiese sido nuestro lugar, como si juntos pudiésemos crear magia y un universo completo. Fue en ese momento en que me di cuenta de que me había enamorado de ti, entre tus ojos y las estrellas de medianoche, entre lo mágico y lo real, ahí es donde quería estar, envuelta en luces y ternura.
Cada vez que me pillabas mirándote y preguntabas "¿Qué?" Con esa sonrisa que me derrite, quería decírtelo, contarte que estaba pasando un huracán de emociones y luces mágicas por mi pecho exigiendo ser liberado, empaparte de aquello, pero me ganaba el miedo de que sea muy pronto o de que sea muy intensa así que solamente te respondía "nada" para seguir observando las luces de la carretera.
Entonces, ¿Por qué limitarnos a ser solo un momento fugaz que se nos escapará en el mar de nuestros recuerdos? ¿Por qué no ser eternos y disfrutar juntos las estrellas de la medianoche con mi cabeza sobre tu pecho? Quiero escuchar tus latidos e inspirar tu aroma, contar una a una tus pestañas y perderme en la profundidad de tus ojos, saborear tu boca y morderte el labio, hablar banalidades y hacer planes a futuro, quiero que seamos una noche estrellada igual a la que admiramos cuando me enamoré de ti.
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