Resplandor de medianoche
Sobre la fría banca de cemento, un cigarro en la mano y la vista fija en aquellos destellos que quedan de los pocos departamentos en donde las personas aún no descansan, donde los pensamientos nocturnos no dan tregua o donde ocurren momentos de intimidad. Con aquella refulgencia se formó una especie de nebulosa que le dio a la noche un aire mágico y de una belleza que ni siquiera puedo expresar, como cuando miro sus ojos y tienen ese brillo que cala hasta lo más profundo de mi alma, erizando toda mi piel. La música que nos envolvía le daba un toque íntimo, la ausencia de palabras fue reconfortante y de una calidez en la que el viento no era bienvenido. Todo parecía ajeno a nosotros, el sonido de los autos al pasar, las conversaciones de las personas que transitaban a nuestro alrededor e inclusive el mismo viento pareció desaparecer por esos instantes, solo era él, la nebulosa, la música y yo.
Nuestros cuerpos se acercaron lentamente como si fuesen atraídos por un imán, el calor entre nosotros comenzó a aumentar con intensidad y hasta que por fin nuestras manos se rozaron pude sentir plenamente la electricidad que se iba gestando en mi interior, pero que permanecía escondida por la timidez de no saber si es correspondida. Al primer contacto, nuestras miradas se conectaron como si supieran la respuesta a la pregunta que yacía implícita entre nosotros y nuestras manos se entrelazaron con tal familiaridad como si llevaran juntas toda una vida, sentí la seguridad para acercarme un poco más y él hizo lo mismo, la brecha de nuestros cuerpos casi no existía. Sus pupilas dilatadas decían lo que su boca callaba, el brillo en sus ojos me parecía aún más mágico que la misma atmósfera que nos envolvía y, hechizada por esos bellos ojos de color café, decidí acercar mi cara a la suya hasta que nuestros labios se tocaron con timidez. Dulce, tan dulce ese primer contacto y tanto amor que emanaba su mano derecha al acariciar mi mejilla, que me derretía por dentro, pero la ternura dio paso a la pasión que aguardaba paciente y nos animó a devorarnos en un beso intenso, a no dejar ni un espacio sin explorar, a agotar el oxígeno, a sentirnos, a elevarnos del plano terrenal y simplemente ser nosotros consumiéndonos. Sentía que mi corazón iba a salir de su jaula de huesos, estaba tan emocionada y excitada por este momento, por el cual había esperado desde hacía una eternidad y quería que nos tomáramos todo el tiempo del mundo para desmenuzarnos hasta el alma, que no se perdiera este recuerdo por lo efímero y que permanezca en nuestra mente por la intensidad desbordada.
Con el resplandor de enfrente tratando de llamar nuestra atención, junto a Soda Stereo sonando de fondo, mezclado con el ruido de la carretera y los pocos pasos de personas lejanas, mantuve mi vista fija en él mientras su mano permanecía sobre la mía y domados por una sonrisa boba, volvimos la vista hacia la refulgencia de enfrente. Entonces, me di cuenta de que podría permanecer ahí junto a él por toda la eternidad y que nada antes había sido tan simple, pero tan perfecto al mismo tiempo.
Comentarios
Publicar un comentario