Broche de oro
Una semana perfecta o casi perfecta, el término exacto carece de importancia cuando el sentimiento predomina más que la palabra. Risas y conversaciones en el paradero hasta la noche, nuevas personas entrando en mi vida, cerveza y cigarros mezclados con la profundidad de la charla, aprender cosas nuevas como regular la frecuencia de un recorrido de micro, un par de copas de vino, escribir cuentos, vivir sola, asistir a una reunión de gente que ama la literatura, más risas, más palabras, un café de por medio, una inesperada lluvia en verano, miradas con complicidad y abrazos llenos de cariño.
No obstante, la mejor parte de esa semana fue verlo a él de nuevo y envolverme con su amor, con su aroma que me atrapa elevándome hasta la ionosfera, haciéndome sentir que estoy flotando como una aureola boreal. Cuando lo miro a los ojos todo lo demás desaparece, todo se concentra en él y hace que desee que esos segundos sean eternos, que su mirada jamás se aparte de la mía. El recorrido de sus manos por mi cuerpo es como el camino de un laberinto en mi cerebro, recuerdo cada trazo y cada movimiento, sé donde termina y donde vuelve a comenzar, pero con más determinación y deseo. Sus besos en cada rincón de mi figura elevan mis sentidos, mi piel se vuelve sensible ante la humedad de sus labios, mientras que mi corazón se acelera por la ansiedad de lo que va a pasar y lo que vengo deseando todos estos días de soledad. Cuando finalmente posee mi cuerpo y somos uno, llenos de pasión, de luz, de amor y deseo, todo mezclado evocando las sensaciones más puras hasta culminar en miradas desbordantes de amor y felicidad, en donde el sudor de uno se mezcla con el del otro y las caricias son lentamente tiernas. Puedo decir que esas horas fueron las mejores de la semana, esos minutos abrazados en nuestra desnudez y riéndonos como solo dos amantes pueden hacerlo con esa complicidad tan íntima, tan perfecta y tan alegre. Esos segundos en donde cierro los ojos mientras él me tiene entre sus brazos, cuando siento que si el mundo se derrumbase en ese instante no me daría ni cuenta porque estoy junto al amor de mi vida y ninguna otra cosa importa mas que escuchar sus latidos.
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